Se refuerzan herramientas para combatir la corrupción

Bienvenidos los nuevos instrumentos que implementan controles más férreos para prevenir y detectar prácticas corruptas, tales como, el soborno transnacional y el cohecho. En hora buena la expedición de la Circular Externa de la Superintendencia de sociedades que modifica integralmente a la Circular Externa No.100-000003 del 26 de julio de 2016 y adiciona el Capítulo XIII de la Circular Básica Jurídica de 2017.

En momentos críticos como el que pasamos por cuenta de la pandemia, Colombia necesita recuperar la confianza de otros gobiernos, empresarios y mercados, y qué mejor manera de hacerlo que tomando la iniciativa desde las instituciones encargadas de la inspección, vigilancia y control de las empresas, vinculando tanto al sector público como al privado, a quienes no se puede dejar como ruedas sueltas.

Por ello, la expresión tolerancia cero a la corrupción debe ser acunada no solo por la institucionalidad y el empresariado, sino que debe ser un valor superior de la sociedad colombiana. La actitud vigilante y de denuncia en una sociedad es una excelente manera de ejercer ciudadanía. Es esta una forma muy efectiva en la que los ciudadanos pueden hacerse parte activa en la solución a las problemáticas derivadas del fenómeno corrupción y por ende aportar al crecimiento y desarrollo económico del país.

De ahí que cobre especial relevancia que todos los sectores se tomen en serio el despliegue de los programas relacionados con la transparencia y ética empresarial. Que no conviertan esto en la materia de relleno que se cursa porque había que completar el currículo. Estos programas requieren que se les dé un lugar preponderante en la gestión de empresas y entidades. Debe tratarse de un elemento que se incorpore a la cultura organizacional, interiorizado y observado desde el más alto hasta el menor nivel de su estructura. Todo esto parte de una debida capacitación de todos los integrantes de la organización, pero no una capacitación de tipo informativo o de transferencia de conocimiento, lo que se requiere es aquel tipo de capacitación que cree consciencia y conlleve al cambio o mejoramiento de comportamientos que acerque a todos a un actuar cada vez más ético.

Por ello, al Gobierno Corporativo de las empresas y entidades corresponde ser garante de que el actuar de sus funcionarios y colaboradores en sus negocios y operaciones sea ético, transparente y honesto. Esto se logra entre otros aspectos al crear procedimientos y controles eficaces y al asignar funciones específicas a sus administradores, empleados y asociados.

Ahora, con esta nueva instrumentación de las normas anticorrupción, lavado de activos, antisoborno y relacionadas, solo resta contar con la proactividad y compromiso de los funcionarios de las oficinas de control interno y riesgos, así como de los oficiales de cumplimiento y de transparencia, de quienes se espera la más alta probidad. Al igual que se espera de los empleados con funciones de investigación y sanción a quienes corresponde hacer vivas todas estas normas previstas para el fin y evitar que los habilidosos les den vuelta a estas hasta aumentar los niveles de impunidad. Para ello, se requiere una educación permanente mediante la que se potencien las mejores actitudes, alejados de los favoritismos y privilegios, y en su lugar prime el esfuerzo para ser los mejores. Y claro, como siempre, exigencia y educación desde el ejemplo; comprender que se exige lo que se practica, de lo contrario solo habrá una autoridad cuestionable.

Ya es hora de sentar precedentes, que los corruptos sepan que las normas no son una amenaza, que sí se investiga y sí se sanciona, porque lo que no se logra mediante la generación de consciencia ha de ser sancionado. Sin sanciones no se logrará disuadir al gen corrupto. Que sepan que esta es una sociedad que no normaliza la corrupción, sino que la combate y que reconoce el valor de lo público para alejarse de los intereses individuales a donde se llega más fácil si previamente se ha trabajado la capacidad de posponer el placer, es decir trabajando la fuerza de voluntad para no caer en la tentación de morder el caramelo que se nos ha dado a guardar.

Queda seguir trabajando por una ciudadanía que censure la corrupción, una institucionalidad que siga generando herramientas eficaces para combatirla y un empresariado que no dude en exigir el cumplimiento cotidiano de principios éticos por parte de sus empleados… ¿Y respecto de los corruptos? que por lo menos tengan temor de esas normas que se aplican con efectividad, sin condescendencias y que sientan precedente.

Editorial de Agosto – ACIEC

Por: Fanny Rivera S.

Magister en Derecho

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