La necesidad de trabajar en la cultura ética

En estas épocas de conflictos, desencuentros, diferencias aparentemente irreconciliables, grupos con motivaciones, propósitos y fines opuestos se requiere un modelo de sociedad más justa, como también una ciudadanía con mejores competencias de empatía, tolerancia y resiliencia (convivencia ciudadana). De allí, la importancia de mantenerse en el propósito constante de promover la ética en la empresa y las organizaciones. Nada mal nos viene partir desde las virtudes cardinales de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza que hace tantos miles de años nos aportara la escuela aristotélica.

En tiempos en que la corrupción se pasea rampante no solo en el escenario político, sino también en el corporativo, en los medios de comunicación y otros tantos escenarios, se precisa de una ética común, esa que observe los mínimos necesarios de la virtud humana para lograr una nueva forma de diálogo en el entramado sociedad civil, gobierno, empresa, medios de comunicación, sectores económicos, academia. Se necesita de espacios para la reflexión desde la escuela primaria; enseñar desde entonces y durante las diferentes etapas de formación, que el mejor futuro anhelado por todos se logra no a partir de la batalla campal en las calles, no a través de la agresión y la difamación, sino, a partir del diálogo constructivo y propositivo que solo puede salir de la reflexión profunda en la que tienen encuentro diferentes posiciones, ideologías, filosofías de vida, orientaciones.

Se necesita una sociedad que aprenda a comunicarse asertivamente, donde todos quepan en la discusión, donde todos sean bienvenidos a ella. Y sobre todo una comunicación que parte de la transparencia y la honestidad, sin juegos de palabras, sin manipulación del discurso, sin verdades a medias o editadas. Que descubramos el poder del lenguaje honesto, productivo, de intercambio. Es necesario volver a enseñar cómo se construyen relaciones de confianza, que la palabra recobre su poder. Y así como lo dice Alejando Gaviria en su libro “Siquiera Tenemos las Palabras” los políticos que dicen luchar contra la corrupción podrían dar ejemplo y hablar con sinceridad, porque “después de todo el caos de la política comienza con la corrupción del lenguaje”. Y agregaría yo, que esta debe ser virtud compartida por todos, porque no solo incurren en corrupción los políticos, incurre cualquiera que no practique un correcto obrar incluso en lo más cotidiano.

Así, que se construye sociedad escuchándonos, considerando la opinión del otro, no imponiéndonos desde la manipulación o con el uso de diversas formas de violencia. Y esto debe enseñarse desde los primeros años escolares. Pero cuán importante es ser persistentes y mantener estas sanas formas de interacción no solo en el ámbito educativo, sino continuarlo a lo largo de toda nuestra vida en sus diferentes estadios, como el de la empresa.

El gran desafío que están teniendo muchas naciones como la nuestra, no es solo socio político, ambiental, económico; la crisis más grande que subyace en el fondo está centrada en la crisis de valores, y no porque éstos cambien, que bien puede ocurrir, sino porque se han ido diluyendo aquellos que son fundamentales para una ética mínima. Y es que una sociedad educada en la ética, será una sociedad que recobre la confianza en el otro y se sentirá en el deber de proceder bien con el otro como actitud recíproca ante relaciones honestas y transparente. Siempre habrá diferencias, intereses opuestos, motivaciones diversas pero bajo un código ético común, en el que unos y otros nos miremos con respeto y validemos el derecho y la razón del otro será más fácil interactuar, negociar y mejor aún concertar y construir.

Y aquí surge un interrogante. Cómo pensar en el diálogo social constructivo, cuando ya en muchos hogares no se hace espacio para el diálogo familiar? Y qué hay de las universidades?, acaso la asignatura de ética se trata con auténtica relevancia?, acaso se practican espacios de verdaderas conversaciones productivas y momentos reflexivos, sin marcar tendencias?. Por ello, estas situaciones invitan a ser persistentes y seguir pregonando la necesidad de retornar a las raíces de la cultura ética y la vivencia de los valores desde los núcleos familiar y académico.

Lo anterior nos lleva a recordar la necesidad de rescatar dos conceptos más, que parece que olvidamos con frecuencia: Interdependencia y corresponsabilidad. Ambos implican tomar consciencia de que no somos solos, que nos necesitamos unos a otros en algún momento, ante varias circunstancias y somos responsables de los efectos que nuestros actos pueden causar a los otros.

De ahí, la necesidad de promover la responsabilidad por el bien común y la justicia, promover y renovar el respeto por los derechos humanos, promover la ética de la responsabilidad púbica, en la universidad, la escuela, la ciudadanía y por supuesto desde la familia. El pensamiento crítico, el debate y la argumentación son tal vez algunos de los mecanismos más adecuados para hacerlo.

Requerimos para salir de las crisis una actitud solidaria y colaborativa, donde se mantenga un diálogo abierto y permanente de constante autoevaluación, donde se construyan nuevos espacios, se abran canales y se tiendan puentes que acerquen las distancias que generan las ideologías o simplemente las opiniones opuestas, entendiendo que para acercar los opuestos lo mejor es empezar por buscar los puntos en común.

Todo esto es ética. Porque la ética no es mera retórica, es mantener un carácter de excelencia en el que se actúa desde el plano de las virtudes, teniendo en cuenta siempre las consecuencias que nuestros actos pueden generar en los otros; justo todo lo que dejan de lado quienes se dejan seducir por las ansias descontroladas de poder y codicia para caer en hechos de corrupción, lo que ocurre cuando cada quien busca lo más adecuado a determinadas circunstancias, y no, lo más adecuado a la condición humana, mucho menos con el enfoque de lo que mejor convenga al colectivo.

Hoy se habla de la necesidad de contar con ejecutivos éticos, pero para eso necesitamos recuperar los valores, no como una moda, sino desde la vivencia genuina. Las personas necesitan hacer sus propios procesos de cambio, trabajar en su interior. Y esto para qué?, pues para ser mejor persona cada día. Solo así podrán reconocerse de una manera integrada que les permita moverse a ese campo de las virtudes en el que practicamos el amor, la comprensión, la bondad, la solidaridad; valores tan necesarios en momentos críticos como el que estamos viviendo.

Cuál será entonces ese ethos que estamos forjando como comunidad, como ciudadanos del mundo?. En consonancia con lo que expresa Adela Cortina en su libro “ética cosmopolita”, ya es hora de dejar de atribuir culpas al demonio, al sistema, a la globalización y pasar a la acción haciéndonos responsables como ciudadanos con nombre y apellido. Nada de esto, será posible si no redoblamos nuestros esfuerzos por crear cultura ética desde los grupos más pequeños a los que pertenezcamos; eso sí que está en nuestras manos.

Así que la invitación es a mantenernos en el esfuerzo por fortalecer una cultura ética en esta sociedad cosmopolita para que como dice Joaquín Sabina en alguna canción, que las verdades no tengan complejos, que las mentiras parezcan mentira, que no nos compren por menos de nada…y que la ética no se pase de moda, para que gane el quiero la guerra del puedo…

FANNY RIVERA SANDOVAL
Magister en Derecho
Coach multicertificada

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